viernes, 8 de septiembre de 2017

Rebeca y su vida familiar Esposa de Isaac


Rebeca y su vida familiar Esposa de Isaac

TEXTO BASE: “Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová, le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor”. Génesis 25:22-23



Como se nos muestra en el relato bíblico el encuentro entre Isaac y Rebeca, fue un encuentro que generó un profundo amor, (Génesis 24:67: “Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre”). Cuando Isaac se casó con Rebeca, éste tenía cuarenta años, si bien no era un anciano, si era un hombre mayor para no haberse casado antes. Podemos concluir que él estaba esperando en el Señor el tiempo y la mujer adecuada, para que las promesas de Dios se cumplieran. Rebeca cumplió con todas sus expectativas, llenó todos sus requisitos. Especialmente que era una mujer temerosa y obediente a Dios, quien no dudo en dejar todo lo que siempre había conocido para hacer la voluntad de Dios. Génesis 24:58 “Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré”.



Pasaron los años y el amor de ésta pareja estaba firme y fundamentado en Dios. Sin embargo, había una circunstancia dolorosa para ellos, Rebeca era estéril. Isaac quien amaba a su esposa, hizo lo que todo hombre de Dios, sacerdote de su casa y cabeza de la mujer debe hacer cada día: orar a Dios por las necesidades de su familia. En este caso, por la necesidad específica de Rebeca; Génesis 25:21 nos indica: “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer”. Isaac sabía a quién debía acudir y en quién podía confiar para hacer el milagro de dar vida; en medio de la esterilidad de su mujer. Seguramente él mismo conocía por la boca de sus padres, su propia historia; cómo el Dios viviente les había hecho una promesa a sus padres en el ocaso de sus vidas y como él era el cumplimiento vivo de esa promesa. Así Isaac oró por su mujer, cómo un esposo amoroso y compasivo, y el Señor escuchó su oración.



En Génesis 25:26 la Palabra nos presenta: “… Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz”. Dios da y añade, y en vez de un hijo les dio dos (gemelos). Isaac tenía sesenta años, lo que quiere decir que pasaron veinte años entre el tiempo de su casamiento y el tiempo en que fueron padres. Isaac amaba a Rebeca sacrificialmente, como Dios ordena al hombre a amar a su esposa. Él espero con ella el cumplimiento de las promesas de Dios. Isaac no la abandonó, ni la humilló ni la menosprecio, y sin lugar a dudas esta actitud compasiva de parte de él, hizo que Rebeca le amara aún más.



Desde el vientre de su madre, los niños manifestaban la clase de conflicto que iban a vivir en un futuro, tanto que Rebeca deseó morir antes que seguir viviendo esa lucha. Así quedó manifestado en Génesis 25: 22: “Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová”. Rebeca sabía al igual que su esposo de que Dios era su fortaleza, su consuelo y quien en su total soberanía y voluntad le había permitido concebir, entonces fue a consultarle.



En el versículo 23, la Biblia nos expone: “y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor”. Nacieron los niños y como vimos anteriormente la lucha entre ellos quedó manifestada desde el mismo momento de su nacimiento (versículos 25 y 26). Las diferencias entre ellos eran claramente notorias, no solo físicamente sino en su carácter y sus habilidades. Esaú era rubio y velludo y siendo el primero en nacer, se le otorgaba el derecho de la primogenitura y todo lo que esto conllevaba.  Jacob por el contrario, fue el segundo en nacer, y lo hizo pegado al calcañar de su hermano. De allí surge su nombre, cuyo significado entre otros es “suplantador”. Más adelante, en los versículos 27-28, la Biblia nos dice: “Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob”. Vemos como también en las características de su temperamento, habilidades e intereses ellos fueron diametralmente opuestos; mientras que Esaú era rudo y fuerte, Jacob era tranquilo y sosegado. Estas diferencias hicieron que cada uno de sus padres tomará partido a favor de uno de ellos. Isaac amó a Esaú y Rebeca a Jacob.



Las preguntas son: ¿Cómo un padre puede amar más a uno de sus hijos que al otro? ¿Acaso no están los dos hijos en igualdad de condiciones, amor y cariño? ¿No son ambos frutos del amor de sus padres? ¿No son los dos en este caso, el cumplimiento de la promesa de Dios? Y la respuesta es que no deben, pero hay casos como el que nos relata la Biblia que no son casos aislados o único. No obstante, no es lo normal o lo correcto delante de los ojos de Dios.  Segura mente Rebeca meditaba en lo que Dios le rebelo En el versículo 23, la Biblia nos expone: “y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor 

martes, 3 de abril de 2012

Espíritu sin medida


Espíritu sin medida
Para Jesús el ser nada por sí mismo era un modo de vida. El quebrantamiento llegó a ser un modo de vida para El mucho antes de ver la cruz.
Realmente era alguien, pero se hizo nada. Aquí estaba Jesús, el hombre sobre todo hombre, que conocía los caminos del poder de Dios en un
sentido inmediato y personal. Trajo a vida los muertos más de una vez en su ministerio terrenal. Cuando tocaba a los hombres se ponían bien.
Cuando hablaba, los demonios temblaban y huían. Podemos ver el secreto del poder de Dios en la experiencia de Jesús (Juan 3:34). Recibimos
el Espíritu de Dios solamente por medida: el Padre tiene mucha voluntad de damos el Espíritu, pero las limitaciones de nuestro propio corazón
determina la medida de la obra del Espíritu Santo en nosotros. Estamos tan llenos de basura y autointerés que no hay sitio para que el Espíritu
obre en gran medida. Dolores, orgullo, egoísmo y rebelión impiden recibir el Espíritu Santo en nuestros corazones y que éste tenga un sitio para
obrar en nosotros. La verdad es que no había elementos oscuros en el corazón de Jesús. Había sitio para que Dios el Padre derramara el Espíritu sin
medida. En nuestra vida el espacio está muy a menudo lleno de desorden emocional, intelectual y espiritual.

Espíritu sin medida


Espíritu sin medida
Para Jesús el ser nada por sí mismo era un modo de vida. El quebrantamiento llegó a ser un modo de vida para El mucho antes de ver la cruz.
Realmente era alguien, pero se hizo nada. Aquí estaba Jesús, el hombre sobre todo hombre, que conocía los caminos del poder de Dios en un
sentido inmediato y personal. Trajo a vida los muertos más de una vez en su ministerio terrenal. Cuando tocaba a los hombres se ponían bien.
Cuando hablaba, los demonios temblaban y huían. Podemos ver el secreto del poder de Dios en la experiencia de Jesús (Juan 3:34). Recibimos
el Espíritu de Dios solamente por medida: el Padre tiene mucha voluntad de damos el Espíritu, pero las limitaciones de nuestro propio corazón
determina la medida de la obra del Espíritu Santo en nosotros. Estamos tan llenos de basura y autointerés que no hay sitio para que el Espíritu
obre en gran medida. Dolores, orgullo, egoísmo y rebelión impiden recibir el Espíritu Santo en nuestros corazones y que éste tenga un sitio para
obrar en nosotros. La verdad es que no había elementos oscuros en el corazón de Jesús. Había sitio para que Dios el Padre derramara el Espíritu sin
medida. En nuestra vida el espacio está muy a menudo lleno de desorden emocional, intelectual y espiritual.